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miércoles, 31 de octubre de 2012
miércoles, 24 de octubre de 2012
Richard Stallman: un hacker cruza el DF
Un encuentro de dos mundos está por venir. Es jueves 18 de octubre y los congresistas de México, hombres de traje que tienen en sus manos la creación de las leyes del país, tienen una cita a las 14:00 con Richard Stallman, el llamado padre del software libre.
Richard Stallman vino a México para promover su mensaje a favor de la libertad y la soberanía informáticas, para que gobiernos y personas tengan control sobre el software, sus aplicaciones y beneficios.
Stallman es un detractor de las patentes en el software, pues asegura que frenan el conocimiento, la innovación y la creatividad. En sus conferencias reconoce a México por no haber adoptado esta figura para los programas informáticos.
El jueves 18, cerca de 800 miembros de la Unión de Pueblos y Organizaciones del estado de Guerrero profieren a las afueras de la Cámara de Diputados, con altavoces y a ronco pecho, consignas contra la reforma laboral. La escena le dio la bienvenida al recinto legislativo al creador del sistema operativo libre GNU.
Richard —le gusta que lo tuteen— es programador y trotamundos. Tiene 59 años. Es un hombre que evita toda imagen ostentosa y que lucha por los ideales de la libertad y en la soberanía desde su trinchera: la informática. Un evangelista que niega tajantemente que la economía y producción de riqueza monetaria sean un motor de desarrollo tecnológico y social.
El reloj marca las 14:15. Un hombre corpulento, de casi 1.80 metros, de larga y ondulada cabellera negra con canas plateadas, entra al auditorio del cuarto piso del Edifico H del Congreso, sede de la fracción parlamentaria del Partido Acción Nacional (PAN).
Es Richard y lo acompaña un comité de la comunidad de software libre encabezado por Odín Mojica, de Mozilla México.
Dentro del auditorio, con una pared tapizada por retratos de líderes del PAN, lo espera Juan Pablo Adame, secretario de la recién conformada Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara baja, quien sería el anfitrión de la primera de tres reuniones que Richard tenía planeadas con los legisladores. Al final del día, sólo dos se concretarían.
Los presentes dudan qué idioma utilizar hasta que notan que Richard domina perfectamente el español. Inician los formalismos: “Bienvenido a la Cámara de Diputados”, dice Adame, acompañado por su secretario técnico y asistentes del legislador. Estrechan manos y Richard pregunta: “¿Te puedo tutear?”, buscando romper con la formalidad. Algunos aprovechan para tomarse fotografías con el gurú de la informática libre.
Adame comienza la charla con una breve explicación de las actividades que se realizan desde el Congreso y su interés por las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicaciones).
“Tengo sugerencias de políticas públicas para que el Estado fomente el software libre y recupere la soberanía informática. Mejor comenzar con eso”, dice Richard.
LA CÁTEDRA STALLMAN
Decir que Richard es un mesías es un error pues se dice ateo; pero los participantes en el encuentro escuchan y toman notas como si se tratara de una cátedra. En la reunión, a la que minutos después se unió Rubén Félix Hays, del partido Nueva Alianza (Panal) y presidente de la Comisión, los representantes populares admitieron haber escuchado muy poco acerca del software libre.
Los temas ya son conocidos para quienes han seguido de cerca la lucha del fundador de la Free Software Foundation, pero nuevos para los legisladores: desde la obligación que tiene el Estado para mantener su soberanía con la implementación de sistemas basados en software libre y conservando el control de la información; hasta los peligros que el software “privativo” (comercial).
La reunión concluye con el compromiso de los diputados por impulsar iniciativas para la implementación del software libre y abrirle las puertas del Congreso para realizar un foro, en conjunto con los representantes del software libre en México, antes de Semana Santa del 2013.
UN HOMBRE DE POCAS PALABRAS
“Mi trabajo es luchar por el software libre y llevar el mensaje por el mundo”, me dijo Richard en una entrevista formal. En un ambiente informal, no le gusta hablar de más... ni las preguntas ambiguas.
“Las preguntas ambiguas me hacen perder el tiempo y no las puedo contestar. ¿No entiendes que hablar es trabajo para mí?”, responde un tanto enojado a dos preguntas que le hice saliendo del Congreso: si los diputados de otros países tenían mayor conocimiento sobre el software libre y cuál era el platillo mexicano que más le gustaba.
Son las 16:00 y en el plan original estaba contemplada una reunión con el senador perredista Mario Delgado, que al final no se realizó. Richard está hambriento y lo hace saber cada que puede: “Tengo hambre, quiero comer”, dice con voz fuerte e insistente.
La comitiva se dispersa. Al final quedamos Odín Mojica y Jacobo Nájera, de Wikimedia México. La siguiente escala es el lobby del hotel Marriott Reforma, donde se reunirá en dos horas con el senador Alejandro Tello, presidente de la Comisión de Ciencia y Tecnología en el Senado.
Pero antes hay que comer.
UNA ESTRELLA EN EL METRO
En San Lázaro abordamos el Metro para dirigirnos a la estación Hidalgo y salir a la avenida Paseo de la Reforma. Durante el trayecto, los ojos claros color miel de Richard están fijos al mapa de las estaciones.
Nadie lo reconoce, observa Jacobo un tanto sorprendido, mientras Richard parece dominar, como buen citadino, los movimientos del vagón durante el recorrido. Cuando un asiento queda libre, Richard lo ocupa y aprovecha el camino para leer The World is made of glass, de Morris Weis, una historia que se puede resumir en temáticas de amor, perversión, sexo y crimen.
El descenso en la estación Hidalgo es complicado: a esas horas, el vagón va atascado y Richard entra tímidamente en el juego de los empujones y jaloneos para salir del vagón. Una vez fuera, tomamos un taxi para ir al restaurante.
LOS JUEGOS DEL ESPAÑOL
Son las 16:30. Entramos al restaurante. Richard tarda en decidir qué comer. Opta por una sopa de fideos con jamón, y medallones de carne con mariscos.
Este reportero ordena una ensalada con aderezo de hinojo. Y es esta palabra, hinojo, la que provoca un chiste que revela el gusto de Richard por el español:
—¿Estás hinojado? —pregunta.
—¿Enojado? No. ¿Parece que lo estoy?
—No, que si estás hinojado. Pediste hinojo.
—Ah, no, pero ahora que traigan la comida me voy a hinojar.
Richard vuelve a su computadora hasta que la mesera llega con los platillos. Primero la sopa, luego los “medallones”, otra palabra que le hace jugar con el lenguaje.
—¿Medallones para usted? —pregunta la mesera.
—No, ya tengo muchos, gracias.
—¿Usted no pidió los medallones?
—No, pero tú me preguntaste: ¿Me da iones? —sobre las partículas que conforman un átomo.
La mesera, confundida, esboza una sonrisa mientras el resto de la mesa ríe. Richard, sin decirlo, está cómodo.
EL ENGAÑO DE SUS "ENEMIGOS"
Richard camina por las calles con paso ligero, con una mirada curiosa. Nos dirigimos al Marriott, a un par de cuadras del restaurante. Jacobo sigue sorprendido de que nadie reconozca al ingeniero. Al llegar al hotel, la historia cambia.
Una mujer y un hombre salieron de la puerta giratoria del hotel. Se dirigieron a Richard, diciendo que eran miembros de la Business Software Alliance (BSA) y amigos de la comunidad del software libre. “Somos amigos”, dice el hombre a Richard.
Todo es cordialidad y, gustoso, Richard se toma una fotografía con el iPhone del hombre y se despiden con un fuerte abrazo.
Al entrar al hotel, Richard me pregunta: “¿Qué es la BSA?”. Es lasociedad que protege a la industria desarrolladora de software. “¡Entonces son los enemigos!”, exclama al tiempo que, impulsivamente, sale del hotel para reclamarle a la pareja.
“¡Ustedes son enemigos. Me traicionaste. ¿Por qué me dijiste que somos amigos si ustedes son el enemigo. Ustedes son contra lo que estoy luchando!”, les reclama a las afueras del hotel. Richard entra furioso a su cita con el senador Tello.
Tomado de El Economista.com.mx
Tomado de El Economista.com.mx
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